Artículo publicado por el gabinete de Coaching del Amor y Tarot gratuito del Amor.
Cuando se acerca la treintena y no tenemos pareja todos nos preguntamos qué está pasando en nuestras vidas. Somos profesionales, hemos estudiado, nos cuidamos físicamente, estamos al día en tecnología y moda, somos buenos hijos, buenos amigos, seguimos reciclándonos profesionalmente y damos resultados satisfactorios en el trabajo… entonces la pregunta es ¿Por qué seguimos solteros? ¿Por qué nadie valora lo que soy y lo que hago?
Y el hecho es que además, nos relacionamos con gente de nuestra misma generación, ¿te imaginas si no fuese así y nos tuviésemos que relacionar con gente mucho mayor o menor a nosotros?
Somos la generación de los hijos de padres separados, crecimos en un entorno todavía atípico por aquel tiempo donde aprendimos a detectar una mala relación a leguas.
Tenemos el hábito de relacionarnos con nuestras parejas repitiendo el patrón que aprendimos en la infancia en casa y “da la casualidad” que acabamos enganchados a alguien similar a nuestros padres. ¿Y cuál es la consecuencia? Pues que, curiosamente, la relación acaba fracasando… ya que tenemos el don de imitar a la perfección lo que vivimos de pequeños.
Es muy difícil detectar y acabar con círculos viciosos en una relación sentimental pues llega un momento en el que no sabemos realmente porqué seguimos con nuestra pareja. No sabemos reconocer si lo que sentimos es amor, costumbre o miedo a quedarnos solos ya que pensamos que no volveremos a encontrar a alguien con quien compartir nuestra vida así que finalmente decidimos que es mejor malo conocido que bueno por conocer.
Y ahora debemos preguntarnos ¿A qué tememos? Queremos cubrir nuestras necesidades incluso a costa de nuestro orgullo y dignidad.
Ahora bien, te propongo un ejercicio, haz una lista de tus parejas y compara características entre ellos, quédate con las que sean similares. Te vas a sorprender. Comprobarás que nos relacionamos con personas muy iguales.
Lo más importante a esta edad es sentirse fuerte emocionalmente aunque para ello tengamos que recurrir a profesionales para afianzar nuestro ego y conocernos mejor. El primer paso para conseguirlo es darse cuenta del patrón familiar en el que vivimos de pequeños, con la tabla que has sacado de tus ex parejas ahora haz una comparación con tus padres, debes detectar qué aprendiste en la infancia y cómo y sabrás por qué repites el mismo patrón relacional.
No es que con este ejercicio (complicado de hacer y de entender) te vaya a cambiar la vida, pero una vez consciente de todo cambiarás de perspectiva… Eso ya es un paso hacia la búsqueda de una pareja que te haga feliz.
zl
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